InicioNoticiasEconomíaPersisten filas por combustible en el noveno dia del Estado de Excepción

Persisten filas por combustible en el noveno dia del Estado de Excepción

    A nueve días de la declaratoria del Estado de Excepción en el país por «conmoción interna» y el levantamiento total de los bloqueos de caminos, el Gobierno de Rodrigo Paz no logra resolver la crisis que mantiene el desabastecimiento de combustible en gran parte del país. Las filas de vehículos en los surtidores persisten y los transportistas reportan que apenas la mitad de sus unidades operan con normalidad, evidenciando que la medida extrema decretada por el mandatario no ha servido para recuperar la fluidez del suministro ni para garantizar un producto de calidad a los ciudadanos, afirmó el exasambleista nacional, Misdrael Mamani Arenas.

    El problema de la «gasolina basura», que el propio Gobierno reconoció oficialmente en febrero pasado como «combustible desestabilizado», continúa sin solución estructural a pesar de las promesas de control. Mientras la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) apenas verifica 5 de las 22 especificaciones técnicas que exige la normativa, cientos de motorizados siguen sufriendo daños en sus motores por la presencia de goma y manganeso, lamentó el exsenador.   

     La falta de coordinación y las revelaciones de documentación interna de YPFB que advertían este problema desde febrero dejan al descubierto una gestión negligente que pone en riesgo el patrimonio de los transportistas y conductores particulares, mientras el Gobierno se enfoca en discursos de orden público.

     El golpe más devastador para la economía popular llegó este lunes con la implementación de una nueva política cambiaria que flexibiliza el dólar a Bs 9,73, rompiendo con más de 15 años de tipo de cambio fijo. Esta devaluación de facto, impulsada por el alarmante deterioro de las Reservas Internacionales (por debajo de los 4.000 millones de dólares), tiene un efecto inmediato y perverso: encarece medicamentos, insumos industriales y alimentos importados, impactando directamente el bolsillo de los sectores más vulnerables, señaló el exasambleista nacional Misdrael Mamani.

     Economistas como Fernando Romero ya han advertido sobre las presiones inflacionarias que esta medida traerá, contradiciendo el discurso oficial de «estabilidad macroeconómica» que el Presidente Paz esgrime para justificar sus decisiones.

    La paradoja es brutal, porque si bien ya no hay bloqueos en las carreteras, el desabastecimiento no cesa; el Estado de Excepción, que tenía como objetivo explícito «devolver la libertad» a los bolivianos, se ha convertido en una cortina de humo que no resuelve los problemas reales. Con una proyección de decrecimiento económico del 3,3% para este año y más de 7 millones de personas en situación de pobreza moderada o extrema según la Fundación Jubileo, las medidas del Ejecutivo no solo son insuficientes, sino que profundizan el sufrimiento de las familias que ven cómo el poder adquisitivo del boliviano se desploma día a día, dijo Mamani.

     El presidente de YPFB, Sebastián Daroca, admitió que la recuperación toma «más tiempo del previsto», justificando la lentitud en el rebote logístico, mientras la oposición y los gremios cuestionan la falta de un plan efectivo.

     El Gobierno insiste en que las filas se reducen «progresivamente», pero la realidad en las calles muestra una población desesperada que invierte jornadas completas para conseguir diésel o gasolina, perdiendo horas de trabajo y afectando su ya golpeada economía. 

    La promesa de normalización se diluye ante la evidencia de que el Ejecutivo no ha sabido anticipar ni gestionar la crisis energética, prefiriendo atribuir todos los males a los bloqueos que, desde el 22 de junio, ya no existen.

     «La gestión de Rodrigo Paz ha demostrado en estos nueve días que el problema no son los bloqueos, sino la profunda incapacidad administrativa y la falta de sensibilidad social. Mientras el Órgano Judicial amenaza con un paro indefinido exigiendo atención presupuestaria, el Ejecutivo responde con una política cambiaria que empodera al dólar y empobrece a los trabajadores. 

    La pregunta que se impone en la agenda nacional es clara: si ya no hay bloqueos y el estado de excepción sigue vigente, ¿por qué el boliviano sigue pagando las consecuencias de una crisis que el Gobierno de Paz no puede ni quiere resolver, y que ahora se agrava con una devaluación que pone la losa más pesada sobre los hombros de los más pobres?», dijo el exsenador Misdrael Mamani Arenas.

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