Desde el pitazo inicial quedó claro que Alemania quería el protagonismo. Joshua Kimmich manejó los tiempos, Florian Wirtz y Leroy Sané encontraron espacios por las bandas y Deniz Undav tuvo la primera ocasión clara apenas a los seis minutos, aunque su remate salió desviado.
Paraguay respondió con la misma intensidad, Julio Enciso avisó en la primera jugada del encuentro y luego Júnior Alonso obligó a Manuel Neuer a realizar una gran intervención. Era un aviso de que la Albirroja no había llegado para defenderse únicamente.
Con el paso de los minutos, la presión alemana se hizo constante. Orlando Gill comenzó a transformarse en figura con intervenciones seguras, mientras José Canale, Gustavo Gómez, Andrés Cubas, Damián Bobadilla y Juan José Cáceres multiplicaban esfuerzos para cerrar cada espacio.
Cuando parecía que el primer tiempo terminaría sin goles, apareció el golpe paraguayo. A los 42 minutos, Miguel Almirón ejecutó un tiro de esquina preciso y Julio Enciso ganó en el área para conectar un certero cabezazo que dejó sin reacción a Neuer y desató la locura de la afición guaraní.
La ventaja, sin embargo, duró poco en la segunda mitad. Alemania adelantó todas sus líneas y encontró el empate a los nueve minutos mediante Kai Havertz, que apareció entre los centrales para conectar de cabeza y establecer el 1-1.
A partir de ese momento el partido se transformó en un auténtico asedio. Alemania monopolizó la posesión y convirtió cada ataque en una amenaza.
Gill sostuvo a Paraguay con intervenciones decisivas frente a Havertz, Kimmich, Jonathan Tah y Waldemar Anton. Cada centro encontraba una respuesta de Gustavo Gómez o José Canale; cada rebote era despejado por Cubas o Bobadilla. Paraguay sobrevivía a fuerza de sacrificio.
Pero la Albirroja también tuvo oportunidades para ganarlo. Gustavo Caballero exigió una espectacular atajada de Neuer, mientras Miguel Almirón estuvo muy cerca de convertir en los minutos finales del tiempo reglamentario con un remate que desvió Anton.
El empate llevó el partido al alargue, donde la tensión alcanzó su punto máximo.
Alemania volvió a dominar. A los 14 minutos del primer tiempo suplementario, Alemania marcó el que parecía ser el gol de la clasificación. Sin embargo, tras la revisión del VAR, el árbitro anuló la conquista y el marcador permaneció igual. Paraguay recuperó el aire.
Los últimos minutos fueron un ejercicio de resistencia absoluta. Gill volvió a responder con seguridad, José Canale despejó todo lo que cayó en el área y Gustavo Gómez comandó una defensa que se negó a ceder.
El destino quedó reservado para los penales
En la definición desde los 12 pasos, el arquero paraguayo sellaría su protagonismo, Orlando Gill abrió la serie deteniendo el disparo de Kai Havertz. Mauricio Magalhães respondió con el primer gol paraguayo, aunque Joshua Kimmich igualó inmediatamente.
Gustavo Gómez mantuvo la ventaja parcial con una definición impecable y Jamal Musiala volvió a equilibrar la serie. Matías Galarza Fonda convirtió el tercero para Paraguay y luego Gill volvió a convertirse en héroe al contener el remate de Nick Woltemade.
Cuando parecía que la clasificación estaba encaminada, Antonio Sanabria envió su disparo por encima del travesaño y Nadiem Amiri volvió a empatar la serie.
La tensión alcanzó su punto máximo cuando Manuel Neuer detuvo el penal de Fabián Balbuena.
Entonces llegó el momento decisivo. Jonathan Tah tomó carrera con la obligación de mantener con vida a Alemania, pero su remate se fue desviado.
José Canale caminó hacia el punto penal con la serenidad de los elegidos. Frente a él estaba Neuer. Frente a todo un país, la oportunidad de escribir historia.
El defensor cruzó el remate con precisión. La red se movió, el estadio explotó, Paraguay acababa de consumar una de las mayores sorpresas del Mundial.
La Albirroja eliminó a Alemania, rompió todos los pronósticos y confirmó que el sueño sigue intacto. Con un equipo solidario, una defensa inquebrantable y un Orlando Gill gigante entre los tres palos, los dirigidos por Gustavo Alfaro demostraron que el carácter también juega y que, cuando llega la hora de la verdad, los gigantes también pueden caer.
ABI




