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Reflejos exactos del pollo

Por Ivan Milán
Hay declaraciones que generan polémica. Hay otras que simplemente dejan a la ciudadanía preguntándose: ¿en qué realidad viven nuestros representantes?
Las recientes declaraciones de las diputadas suplentes Julieta Jiménez y Claudia Bilbao son difíciles de pasar por alto, especialmente en un momento en que miles de familias bolivianas hacen malabares para llegar a fin de mes.

Jiménez afirmó que en Bolivia “no hay muertos de hambre” porque existen almuerzos de Bs 5 y Bs 10. Pero en la misma intervención reconoció algo fundamental: “lo que no hay es trabajo, eso sí”. Entonces ¿de qué sirve un almuerzo de Bs5 si no hay trabajo para pagarlo?
Y aquí aparece una primera muestra de una preocupante falta de comprensión de la realidad económica: reconocer que falta empleo y, al mismo tiempo, presentar la venta de pan, gelatina o ají molido como una salida sencilla para quien no tiene trabajo.

El problema es que el autoempleo tampoco aparece por arte de magia. Para vender hay que tener algo que comprar, producir o invertir; y para alimentar una familia se necesita un ingreso constante, no solamente encontrar una actividad ocasional para sobrevivir.
Porque para comprar un almuerzo de Bs 5 primero hay que tener Bs 5. Y para tener esos Bs 5 hay que contar con algún ingreso. Un plato barato no significa que una familia tenga garantizado el acceso a la alimentación. Confundir el precio de un plato de comida con la capacidad económica de un hogar es precisamente el tipo de razonamiento que preocupa cuando proviene de una autoridad pública.

Y los datos no permiten tomarse este asunto a la ligera. El INE reportó que en 2025 el 44,7% de la población boliviana se encontraba en situación de pobreza, mientras la pobreza extrema alcanzó el 16,7%. Es decir, mientras millones de bolivianos enfrentan condiciones de pobreza, una representante nacional pretende explicar la crisis desde la existencia de una “sopita” de Bs 5.

Entonces, cuando una autoridad afirma que “no hay muertos de hambre” porque existen almuerzos económicos, el problema no está solamente en la frase. Está en la desconexión con la realidad de quienes deben decidir entre comprar comida, pagar transporte, comprar medicamentos o cubrir las necesidades de sus hijos.

Y aquí quiero introducir una palabra que puede resultar incómoda, pero necesaria: ignorancia. No hablo de ignorancia como insulto personal. Hablo de desconocimiento. De ignorar cómo funciona la pobreza, de no comprender la diferencia entre tener alimentos disponibles y tener capacidad económica para acceder a ellos, y de desconocer que el desempleo no se resuelve simplemente diciéndole a una persona que “venda algo”.
Pero Julieta Jiménez no fue la única que sorprendió.

La diputada suplente Claudia Bilbao también generó indignación al pedir a las familias bolivianas que “aguanten la crisis” y reduzcan sus gastos cotidianos. Entre sus ejemplos mencionó dejar de comprar un pantalón o zapatos para los hijos e incluso reducir el dinero destinado al recreo.

¿Desde cuándo reducir las necesidades de los niños es una política económica?
Una familia puede verse obligada a recortar gastos porque no tiene alternativa. Pero que una autoridad le diga que debe dejar de comprarle ropa a sus hijos o quitarles el dinero del recreo no constituye una solución a la crisis: constituye, en el mejor de los casos, una descripción de cómo sobrevivir a ella.

¿De verdad esa es la respuesta que esperan las familias de quienes ocupan un cargo público? Una cosa es pedir responsabilidad y austeridad. Otra muy diferente es decirle a una familia que reduzca lo que compra para sus hijos mientras desde la política se habla de sacrificios como si todos viviéramos bajo las mismas condiciones.

Lo más preocupante es que estas declaraciones no solamente afectan a quienes hoy tienen dificultades económicas. También desinforman a quienes las escuchan, especialmente a los jóvenes.

Un joven que escucha a una autoridad decir que la pobreza se soluciona comiendo un almuerzo barato o vendiendo gelatina puede terminar creyendo que la falta de empleo, la pobreza y la precariedad son simplemente problemas de actitud individual.
Y eso es peligroso. Porque transforma un problema económico y social en una supuesta responsabilidad exclusiva de cada persona.

Y aquí está el punto que quizás ambas diputadas olvidaron:
Ellas tienen un ingreso mensual. Muchas familias no tienen esa seguridad.
Jiménez y Bilbao son diputadas suplentes y perciben una remuneración superior a los Bs 7.000. Desde esa posición, probablemente un almuerzo de Bs 5 pueda parecer una solución sencilla.

Pero para una familia que perdió su empleo, para un trabajador que vive de ingresos diarios o para una madre que sostiene sola su hogar, Bs 5 no aparecen mágicamente en el bolsillo.

El problema de Bolivia no se resuelve diciéndole a la gente que coma barato, que venda gelatina o que deje de comprarles pantalones a sus hijos.

El problema se resuelve generando empleo, oportunidades e ingresos dignos.
Un político no adquiere automáticamente la razón por haber ganado una elección. Un cargo público tampoco convierte una opinión en una verdad.

Quien ocupa una curul tiene una responsabilidad adicional: estudiar, informarse, entender los problemas que afectan a la población y medir sus palabras antes de hablar sobre asuntos tan sensibles como el hambre, la pobreza y el empleo.

Por eso, más que indignarnos solamente por las palabras de estas dos diputadas, deberíamos preguntarnos algo mucho más importante:
¿Cuántas autoridades realmente conocen la realidad económica de las familias que dicen representar? Pq ser político no da licencia para ignorar los problemas del país. Y ser representante nacional debería exigir, como mínimo, conocer la realidad de las personas a las que se representa.

Tal vez por eso estas declaraciones producen tanta indignación. No solamente porque son desafortunadas, sino porque vienen de personas que deberían estar ayudando a explicar la crisis y a buscar soluciones, no simplificándola con frases que pueden terminar desinformando a toda una generación.

Porque quizás el problema no sea que estén despistadas. Quizás el problema es que están demasiado lejos de la realidad que vive la mayoría de los bolivianos.

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