martes, enero 6, 2026
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Transición de poder: ¿rendición de cuentas o simple cambio de firmas?

Por: Gabriela Mamani

La próxima renuncia colectiva de los ministros del actual gobierno, prevista para el 5 de noviembre, marca el cierre formal de la administración de Luis Arce y abre la puerta al gobierno entrante de Rodrigo Paz. El viceministro de Defensa del Consumidor, Jorge Silva, aseguró que este proceso se realizará con total transparencia, destacando que los viceministros permanecerán en funciones hasta la posesión del nuevo gabinete. Pero la duda surge de inmediato: ¿hasta qué punto estas transiciones garantizan realmente la rendición de cuentas?

Silva explicó que su despacho prepara informes notariados y respaldos documentales para dejar constancia de la gestión saliente. La medida parece correcta, incluso necesaria, en un contexto donde la desconfianza hacia los funcionarios públicos se mantiene latente. Sin embargo, ¿qué tan accesible será esta información para la ciudadanía? ¿Se publicarán los datos de gestión, los contratos, los gastos y los resultados, o quedarán archivados en los escritorios ministeriales?

La transparencia no se mide por el número de carpetas entregadas, sino por la disposición de abrirlas al escrutinio público. En cada cambio de gobierno, se habla de “transición ordenada”, pero pocas veces se conocen los verdaderos estados financieros, los proyectos pendientes o las deudas heredadas. ¿Será esta la excepción o simplemente otro relevo donde la información queda en la oscuridad burocrática?

El país enfrenta un momento clave: un nuevo gobierno que promete reactivación económica y transparencia institucional, y una administración saliente que busca cerrar sin cuestionamientos. En este escenario, la responsabilidad no solo recae en quienes se van, sino también en quienes llegan. ¿Exigirá el nuevo gabinete auditorías integrales y rendición pública de cuentas, o aceptará la herencia sin revisión?

Más allá del protocolo, la transición debería representar un acto de madurez democrática. No basta con firmar renuncias colectivas ni con entregar documentos notariados; lo esencial es garantizar que el poder cambie de manos con la verdad sobre la mesa. Porque al final, la gran pregunta no es quién se va o quién llega, sino qué país se entrega.

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