viernes, agosto 29, 2025
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¿Sabemos realmente por quién votar?

Por Helen San Roman

En vísperas de nuevas elecciones, Bolivia atraviesa un momento de incertidumbre política que trasciende las siglas y las figuras. Durante más de una década, la izquierda —con todos sus matices y contradicciones— logró sostener un ciclo de estabilidad económica, una proyección internacional respetada y una cohesión social que, pese a las tensiones, mantenía cierto orden en el país. Sin embargo, aquella etapa parece haber llegado a su fin, no tanto por la voluntad del pueblo, sino por los intereses de poder que fracturaron a su propio líder, Evo Morales, de la tienda política que él mismo levantó.

Lo más llamativo es que el actual presidente, Luis Arce Catacora, elegido bajo la confianza de esa misma estructura, hoy parece conducir al MAS hacia su propia proscripción. No solo por la ruptura con Morales, sino porque las pugnas internas, la manipulación de la sigla y la pérdida de legitimidad ante la ciudadanía han puesto al partido en riesgo de desaparecer como fuerza representativa del pueblo. Lo que alguna vez fue la “sigla del pueblo” hoy se erosiona entre denuncias, disputas judiciales y un desencanto social que amenaza con borrarla del escenario político.

Las encuestas lo confirman: el caudal que parecía inquebrantable se ha dispersado, dejando a los votantes frente a un tablero confuso.

La pregunta es inevitable: ¿sabemos por quién votar?

Por un lado, asoman dos candidatos vinculados —con mayor o menor responsabilidad— a los sucesos de 2019, cuando el expresidente Morales tuvo que abandonar el país en medio de una crisis que aún divide opiniones y narrativas. ¿Podrá la ciudadanía confiar en quienes ya formaron parte de ese capítulo conflictivo?

Por otro lado, surge la disyuntiva entre nuevas figuras. Un joven profesional rebelde que se atrevió a desafiar las líneas del oficialismo, incluso enfrentándose con autoridades de su propio entorno (Eduardo Del Castillo). O aquel otro líder (Andrónico Rodríguez)que, gracias a la confianza de Evo Morales, ocupó una curul en el Senado durante cinco años y que hoy intenta mostrarse como una alternativa de experiencia sin cargar con demasiado pasado.

Frente a este panorama, la duda es legítima: ¿optar por un voto de confianza en quienes representan renovación o castigar con un voto nulo a un sistema que parece atrapado en el pasado?

En una democracia auténtica, lo fundamental no debería ser la sigla, ni siquiera el carisma de un líder, sino la claridad de un proyecto de país. El elector tiene en sus manos la oportunidad de exigir propuestas reales y no meras consignas.

La cuestión, entonces, no es solo por quién votar, sino por qué votar por esa persona. Porque más allá de nombres y etiquetas, la democracia se fortalece cuando los ciudadanos ejercen un voto consciente, informado y responsable.

¿Usted ya sabe por quién votar y, sobre todo, por qué?

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