Por: Gabriela Mamani
La visita del presidente electo Rodrigo Paz a Panamá y su encuentro con el mandatario José Raúl Mulino, en el marco del aniversario de la independencia del país centroamericano, ha sido presentada como el inicio de una “nueva etapa de entendimiento y cooperación” entre Bolivia y Panamá. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿qué tan profunda puede ser esta “nueva etapa” cuando el país aún no ha iniciado oficialmente su cambio de gobierno?
Paz llega con un discurso que busca proyectar una imagen de apertura, modernidad y reconciliación diplomática. Tras casi dos décadas de un modelo de política exterior más ideologizado, su mensaje apunta a reconstruir la confianza con aliados tradicionales y acercarse nuevamente a Washington. Pero ¿es posible que una política exterior más pragmática logre equilibrar los intereses económicos y políticos sin generar fricciones internas?
Su reciente paso por Estados Unidos deja ver un esfuerzo por atender las urgencias inmediatas: la escasez de combustibles y la falta de dólares. No obstante, ¿podrá esta gestión mantener la independencia política mientras busca cooperación financiera y energética con potencias extranjeras? La línea entre el acercamiento estratégico y la dependencia económica puede ser muy delgada.
Por otro lado, la suspensión de Bolivia del bloque del ALBA, tras el distanciamiento de Paz de los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela, plantea otro dilema: ¿es conveniente romper puentes con antiguos aliados regionales o debería apostarse por una diplomacia más equilibrada y menos excluyente?
Rodrigo Paz asume el mando el próximo 8 de noviembre, en un contexto de grandes expectativas y tensiones. Su desafío será demostrar que su discurso de “nueva etapa” no se reduce a gestos simbólicos, sino que se traduce en resultados concretos para la economía, la seguridad y el lugar de Bolivia en el mundo.
En definitiva, la pregunta de fondo sigue abierta: ¿estamos ante el comienzo de una verdadera transformación de la política exterior boliviana o simplemente ante un cambio de tono en el mismo escenario diplomático?





