domingo, enero 4, 2026
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Estados Unidos, un imperio en contracción

Por Gabriel Villalba

Estados Unidos atraviesa una fase de contracción imperial, donde ha dejado de expandirse para concentrarse en la defensa de su “Gran Isla Americana”. Desde el estudio de la doctrina de espectro completo de la académica mexicana Ana Esther Ceceña o los recurrentes estudios académicos de la Doctrina Monroe, de puede advertir que Estados Unidos de Norteamérica ha pasado de un intento de imperialismo global a una suerte de proteccionismo nacionalista. Esta reorientación estratégica se traduce en una política de control y contención en América Latina, utilizando instrumentos financieros, diplomáticos y mediáticos.

Que Trump haya condicionado la ayuda financiera a Argentina a cambio de resultados electorales favorables a Javier Milei refleja esta fase de reacomodo. Se utiliza la deuda como mecanismo de subordinación política. Del mismo modo, Trump ha señalado a Bolivia como potencial socio, independientemente del próximo gobierno, estas advertencias de acercamiento sobre Bolivia responden a la necesidad de reposicionarse en un territorio clave para los recursos estratégicos del siglo XXI, como el litio.

Noam Chomsky ha señalado que, durante la expansión del imperio estadounidense, América Latina ha mantenido su primacía en la planificación global. Por ejemplo, cuando Washington consideraba derrocar al gobierno de Allende en Chile en 1971, el Consejo de Seguridad Nacional de Nixon observó que, si Estados Unidos no podía controlar América Latina, ¿cómo podría esperar lograr un orden exitoso en otras partes del mundo? Brzezinski, por su parte, enfatizó que la tarea principal de los gestores del imperio estadounidense es prevenir la colusión y mantener la dependencia entre los vasallos, mantener a los tributarios dóciles y protegidos, y evitar que los bárbaros se unan.

Mientras Estados Unidos pierde capacidad de proyectar su poder hacia Eurasia o el Indo-Pacífico, donde China y Rusia le disputan la primacía, concentra sus fuerzas en mantener el control de su hemisferio. Ésa es la lógica del imperio en decadencia. Cuando el mundo se le escapa de las manos, vuelve al origen para proteger su centro de gravedad. De hecho, para la potencia en decadencia el control de Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica es una cuestión de asuntos internos, no de política exterior. Como lo expresó la ex comandante del Comando Sur, Laura Richardson, Latinoamérica no es ningún patio trasero, es el patio principal de operaciones para Estados Unidos.

Sin embargo, el repliegue de una geopolítica imperialista a una de contracción hacia los dominios próximos, no es reciente, tiene una larga data de posicionamiento en Bolivia. La Encargada de Negocios de la Embajada norteamericana, quien ha donado hospitales móviles durante el gobierno de Arce Catacora, es un agente diplomático que se ha encargado de allanar el camino para un eventual restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos. También se ha referido por parte de altos funcionarios del Ministerio de Gobierno de manera pública y directa frente a diversos medios de comunicación en sendas conferencias de prensa la posibilidad de consultar operativos antidrogas a la DEA y participar con esta agencia norteamericana en la lucha contra el narcotráfico.

En la actual sociedad posmoderna pareciera que también los imperios o potencias imperiales que se impusieron tras las guerras, hoy se diluyen, se retrotraen y tratan se ensimismarse en un mundo que pareciera despiadado con quienes aún no han entendido que se ha terminado la era del mundo bipolar o del denominado triunfo del capitalismo. Vivimos en la era del mundo multipolar con una claro predominio de China como la potencia mundial emergente y aglutinadora de nuevas lógicas en el concierto internacional.

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